22 de Abril del 2005

Un agente extraño

El siguiente hecho sucedió en la batalla de Ayohúma, a poco de tocarse la retirada.

"... Esto dio lugar a que los restos de nuestros infantes, que huían en muchas direcciones, se fuesen replegando hacia el general Belgrano, que había enarbolado la bandera del ejército en la falda de unas lomas ásperas y pedregosas que no ofrecían sino senderos difíciles. Esto sucedía a distancia de cerca de media legua del campo de batalla, y para proteger la reunión tuvo orden la caballería de sostener el paso de un arroyo, cinco o seis cuadras más allá del punto en donde se hacía el cruce. Para cumplir esta orden se presentó el coronel don Cornelio Zelaya, que tomó el mando de ochenta o noventa hombres de caballería, que era todo lo que había podido reunirse.
Aunque bastante animado de un agente extraño, es digna de todo elogio la bravura que en aquella crítica circunstancia ostentó el tal coronel; parapetados como estábamos, el fuego enemigo hacía estragos entre nosotros, siendo de admirar que al coronel Zelaya, que era el único que se conservaba a caballo y que atravesaba del paso del río al corral de piedra y del corral al paso, no lo tocase una bala, como tampoco a su caballo. Entre tanto aquella inesperada resistencia había atraído la atención del enemigo, que había acumulado fuerzas capaces de dar una nueva batalla; la necesidad de abandonar aquel terrible punto se hacía urgente y, sin embargo, el coronel se obstinaba en sostenerlo.

En los actos más solemnes no falta un incidente gracioso que contrasta con la seriedad de aquel, y tal es el que vamos a referir.

Mientras el coronel Zelaya estaba animando a los del corralito, vino orden del general, o así se dijo, para que siguiésemos la retirada. Con ese motivo, el coronel Balcarce mandó montar a caballo, lo que notado por Zelaya, vino corriendo a preguntar a orden de quién se hacía aquello; como Balcarce contestase que de orden del general, repuso Zelaya: "Pues, aunque mande Dios que me retire, no le he de hacer". Herido con este apóstrofe, el pundonoroso Balcarce contestó: "Pues bien, no quiere usted retroceder, vamos a la carga", y acompañando la acción a la voz de mando, picó su caballo. Precisamente, tenía delante de sí un charco pequeño de los que formaba el arroyo que, siendo pantanoso, cuando puso las manos el caballo cayó, dando con el caballero en el agua. Un enorme pellón que usaba el señor Balcarce cayó sobre él, cubriéndolo. El respeto que todos teníamos a este digno jefe no impidió la explosión de risa que causó la aventura.

No obstante, tuvo que ceder(el coronel Zelaya) a las circunstancias, y al fin él mismo mandó la retirada. Nuestra pequeña fuerza la emprendió sin orden, sin formación, por los varios fragosos senderos que se presentaban y que cada uno elegía a su arbitrio.
...
Yo regresé a incorporarme con el coronel Zelaya, que con unos cuantos hombres venía conteniendo al enemigo; estos hombres fueron poco a poco escurriéndose y ganando la delantera, que al cabo de dos leguas de persecución no habíamos quedado con el coronel más oficiales que el capitán Arévalo y yo, y unos quince o veinte hombres de tropa; felizmente, era sólo caballería la que nos perseguía, y la enemiga era tan cobarde que la conteníamos con facilidad en aquellos escabrosos caminos y desfiladeros. Al último, fuera de algunos tiros disparados al acaso, estaba reducida la persecución a una multitud de insultos y dicterios que se decían Zelaya y el coronel enemigo, don Saturnino Castro (el que después fue fusilado por los españoles en Moraya), en que lo menos eran los dictados de porteño cobarde, disparador, y de ladrón, mulato Castro; hasta hubo un desafío personal y singular entre ambos, que no tuvo efecto porque no se les dejaba solos y porque era una majadería que no consentíamos los circunstantes; a nosotros, principalmente nos dañaba, porque entorpecía nuestra marcha.
Al fin se cansó el coronel realista Castro de perseguirnos y gritar, pero el coronel Zelaya no se cansó de hacer ostentación de su poca prisa en retirarse, a pesar de que ya nadie quedaba con él, sino yo y su asistente Humacata; no habíamos andado media legua después que nos dejó el enemigo, cuando se le antojó parar, echar pie a tierra, desenfrenar los caballos y ponerse a comer algunos fiambres que llevaba el honrado asistente, sin dejar de hacer también algunas libaciones, empinando para ello una gruesa bota que él mismo traía. Ya el sol se acercaba al ocaso cuando volvimos a marchar.

José María Paz
Memorias

Escrito por Asterion. 22 de Abril 2005 a las 04:45 AM.
Comentarios: Un agente extraño

Que alegría, realmente, entrar a un blog y que se mente al Manco Paz.

Si me permite agregar algo le comento que en la derrota de Vilcapugio, previa a esta que cuenta Ud, el General Belgrano cuando todo era un caos de soldados huyendo, se bajó del caballo, tomó una bandera y empezó a llamar a los soldados, al poquito tiempo tenia mas de 200 soldados con el. Los realistas los atacaron 2 veces para terminar de una vez con el ejercito de Belgrano y las dos veces fueron rechazados. Luego partió al alto perú a reunirse con Zelaya. Al partir Belgrano dijo algo así como "Hemos perdido la batalla, no importa, aún tenemos en nuestras manos la bandera de la patria y un motivo por el que luchar".

Juntó lo que quedaba de su ejercito disperso y al poco tiempo volvió al ataque, sabiendo que los realistas eran, mas, mejores y mas armados y peleó con absoluto heroismo, uno de los escribas de la batalla dijo (también lo cito de memoria, por lo que no será textual) "Fueron tan valientes que parecían haber hechado raices en el lugar".

Realmente, lo relatado por Ud, independiemtemente de lo gracioso, mas los recuerdos que me surgen se constrastan con ver niños esperando ser operados en el Garraham, porque algunos "gremialistas" no tienen otro heroismo, que presionar con la salud de los niños.

Que falta nos hacen los Paz, Zelayas, Belgranos.

Me excedí, pero reitero mi agradecimiento. Lo suyo está cada vez mas cerca de mi mesita de luz, que es el lugar en el que, metafóricamente, atesoro mis afectos literarios.

Escrito por El Angel Gris a las 22 de Abril 2005 a las 04:09 PM

Qué gusto ver que el nombre del Manco Paz no es desconocido.

Belgrano sabía que si se retiraba desorganizadamente sufriría muchas bajas y sus fuerzas se desbandarían. Por eso que en ambas batallas reunió a su ejército y se retiró en orden.
Después de Ayohúma, Pezuela persiguió a Belgrano hasta Salta, donde fue finalmente derrotado por Güemes.

Hoy a nuestros gremialistas les interesa más la caja de las afiliaciones que la situación de sus agremiados.

Personalmente creo que cuando negociamos con nuestros acreedores externos es cuando más se nota la falta de tamaños próceres. No me lo imagino a Güemes firmando el megacanje.

Al dar la batalla de Vilcapugio por perdida, Belgrano arengó así a sus tropas:
"Soldados: hemos perdido la batalla después de tanto pelear; la victoria nos ha traicionado pasándose a las filas enemigas en medio de nuestro triunfo. No importa. Aún flamea en nuestra manos la bandera de la Patria".

Escrito por Asterion a las 25 de Abril 2005 a las 05:53 AM

Qué le pasa a este blog que no se actualiza desde hace un mes ???
Lo extrañamos Asterión !!!!! Vuelva, dele, no se haga rogar.

Escrito por Manón a las 23 de Mayo 2005 a las 07:27 PM

Lo mismo digo. ¿dónde estás Asterión? a lo mejor se perdió en el laberinto :D no lo creo, se nota que sabe su tema :D saludos,

Escrito por zaxl4 a las 25 de Mayo 2005 a las 05:11 PM

hola? la? la? la?

Escrito por morela a las 26 de Mayo 2005 a las 08:36 PM

Nene... ¿Te fuiste de vacaciones o es vagancia lo tuyo???

Escrito por DudaDesnuda a las 1 de Junio 2005 a las 08:48 PM
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